El valor de la Educación

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, José Narro Robles, en diferentes intervenciones de distintos foros, ha sido enfático al apuntar la importancia de la educación como factor indispensable de igualdad social. Lo ha repetido una y otra vez: si no tenemos un sistema de educación superior vigoroso, el desarrollo de nuestra sociedad está condenado a la mediocridad.

Los datos que arroja nuestro país, en este pleno siglo veintiuno, son desalentadores: Narro Robles consigna que 73 de cada 100 jóvenes en edad universitaria no tienen acceso a estas instituciones. Hemos de considerar en estos tiempos modernos que en este aspecto fundamental de nuestra vida en sociedad, la educación se ve sometida a una gran cantidad de estímulos, los cuales inciden directamente en las nuevas generaciones. Esos estímulos de gran alcance, con la tecnología de punta sobre nosotros, han ido provocando necesariamente cambios verdaderamente importantes. Transformaciones que van determinadas por la cantidad de información a que están sujetos los niños desde antes de dar inicio a la edad preescolar.

Si un niño de hace apenas dos o tres décadas empezaba a escribir en la primaria, eso era considerado lo “normal” dentro de los parámetros establecidos entonces.

Hoy cada vez son menos las instituciones que optan por enseñar esto hasta la primaria; la mayoría de los centros educativos enseñan desde el kínder a escribir y a leer. Se ha adelantado mucho no sólo en ese ámbito. Estos mismos niños reciben clases de computación, al mismo tiempo que se están preparando para el futuro al contar historias, protagonizarlas en obras de teatro u otro tipo de espectáculos, y habituándose con los números y las sumas, antes cosa exclusiva de las primarias.

En las estanterías de las tiendas, hay revistas especializadas para reafirmar conocimientos y habilidades de niños de todas las edades, con temas que van desde el conocimiento del cuerpo, la familiarización con los sentidos y la información geográfica de distintos puntos del globo terráqueo.

Les auxilian en las tareas los personajes antes vistos en las salas de cine, con los cuales también se topan en los restaurantes de comida rápida. “Vive Aventuras Infinitas” y “Mini Einsteins” son también algunos de los capítulos abiertos a
la imaginación de los niños, temas explotables en este tipo de publicaciones, cuyo plus será un juguete de orden didáctico que ayudará a explorar con el sentido del oído, del olfato, del tacto, etc., o los meterá en otras interesantes dinámicas de aprendizaje. Estas nuevas formas de acceder al conocimiento están obligando a cambiar los patrones culturales y educativos. La premisa es cómo la educación nos iguala como seres humanos. Esta educación ha de ir pensada en base a la gran cantidad de estímulos que se están recibiendo a través de tantos medios. Y por supuesto, en estos últimos, el internet, herramienta que no debe ser soslayada.

La educación persigue como fin principal el contribuir en la creación de una sociedad armónica, cuyos elementos estén integrados entre sí, no debe perder su sentido humanístico, su sentido de relacionar al hombre con el hombre, evitando la despersonalización a la cual empujan medios como el internet.

Hay jóvenes que piensan que todo es cuestión de acostumbrarse. Que quizá lo normal sea precisamente un mayor aislamiento de los seres humanos entre sí. Que es un asunto de enfoques y tal vez estemos viviendo el mejor mundo posible.

La educación debe seguir teniendo entre sus prioridades el enlazar al hombre con el hombre; debe constituirse en el medio a través del cual podamos forjarnos como la mejor sociedad posible. El rector José Narro Robles es muy claro. “A algunos les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado, del Renacimiento o del siglo 19. Se equivocan. También lo es de ahora y del futuro”.

Una sociedad que está consciente de ello, una sociedad que sabe cómo manejar la balumba de información que se genera alrededor, que sabe cómo emplear las nuevas tecnologías, y que aprecia el humanismo por sobre todas las cosas, puede aspirar a crecer y constituirse en una sociedad próspera y ejemplar.

Fuente: http://www.vanguardia.com.mx/diario/detalle/columna/el_valor_de_la_educacion/454895

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